SEWELL

Sewell fue una asombrosa ciudad minera enclavada a 2500 metros de altura en la Cordillera de los Andes frente a la ciudad de Rancagua en Chile. En ella llegaron a vivir 18 mil personas que laboraban en la empresa El Teniente en faenas mineras de extracción de cobre y en un conjunto de actividades económicas y de servicio propias de una ciudad completa.
Era una ciudad notable por su conformación y su carácter. Sewell fue construido sobre una escarpada montaña accediendo a las posibilidades de una difícil topografía. Se levantaron alrededor de 100 edificios lo que configuró un impresionante laberinto de las más diversas construcciones, corredores, escalas, puentes, pasajes y rincones. Esto transformó a Sewell en una ciudad de una personalidad singular, llamativa, intrigante y original, capaz de cambiar enteramente de fisonomía en los inviernos al ser cubierta por la nieve.
Para llegar a esta ciudad había que tomar un tren que salía de la estación "Braden" en Rancagua, el que demoraba casi 5 horas en llegar al campamento. El trayecto del tren en la alta montaña cruzaba por angostos senderos cortados por abismos que generaban un vértigo aterrador a cualquier visitante.
Sewell fue un modelo de esfuerzo y tenacidad humanos: levantar la ciudad, conservarla, vivir en un asentamiento de naturaleza tan agreste, extraer el cobre de sus entrañas, constituyen vivencias que varias generaciones de chilenos han atesorado.

SU HISTORIA


La leyenda narra que un Teniente español es acusado de deslealtad a la corona y huye a la cordillera con el propósito de cruzar a la Argentina. Al pernoctar de noche a los pies del cerro Negro, descubre una gran cantidad de piedras verdosas, con las que regresa a la capital dispuesto a demostrar su lealtad con tan valioso cargamento.
A esta historia se atribuye el nombre de "El Teniente" a la mina de cobre que, pasados los años, pasaría a constituirse en la mayor del mundo.
En el año 1822 don Juan de Dios Correa y Saa, dueño de la hacienda "La Compañía", da inicio a una incipiente extracción y explotación del mineral.
El origen del campamento propiamente tal, situado en la ladera del cerro Negro, se remonta a 1904, cuando William Braden inicia su habilitación, formando la empresa Braden Cooper Company y se denomina "Sewell" desde 1915, en honor al primer presidente de la compañía, señor Barton Sewell.
Desde entonces varias generaciones de mineros, trabajadores y profesionales extrajeron el cobre y forjaron parte de la historia de la gran minería en Chile.
La construcción de esta notable ciudad en plena montaña nos ha dejado lecciones de coraje y empuje empresarial, valentía y perseverancia humana y muestras de capacidad técnica sorprendentes.
Las primeras instalaciones del campamento fueron realizadas en ausencia de carreteras, trenes y grúas. Al inicio los materiales de construcción fueron trasladados a lomo de mulas y posteriormente en carretas de bueyes, con 20 o más yuntas en cada una. Todo para ser instalado en un sitio difícil y escarpado, sin nada más que rocas a varios kilómetros de cerros a la redonda. Estas obras desafiaron, además, las inclemencias del tiempo.
El año 1911 se declaró inaugurado el ferrocarril que unió a Rancagua y Sewell, con lo que se dio inicio a un progreso notable en su construcción.
El campamento en los primeros años fue varias veces arrasado en parte de sus instalaciones por grandes rodados de nieve, cobrando gran número de víctimas en cada ocasión.
A partir del segundo decenio del siglo XX aumentaron las instalaciones industriales, comenzó la construcción del barrio americano y las instalaciones de servicio, hospital, cuartel de bomberos, centros sociales, edificios del tipo departamentos, viviendas para trabajadores solteros o "camarotes". Se destacaban especialmente ciertos edificios individuales, el antiguo hospital, la Escuela Industrial, el Club Social, el Edificio número 152, la estructura de Punta de Rieles, el Puente Rebolledo, entre otros.
La ciudad alcanzó a tener en sus momentos de apogeo alrededor de 18 mil habitantes, hasta que se inició el fenómeno migratorio producto de la denominada "Operación Valle", un plan para evacuar gradualmente a los habitantes de Sewell y proseguir la extracción de cobre. Este proceso se inició en el año 1967 completándose a inicios de la década de los 70.

UN MONUMENTO A LA MADERA

Toda la ciudad fue construida principalmente en madera.
Las grandes dificultades para trasladar los materiales de construcción a una altura de 2500 metros y con hasta 7 metros de nieve, determinó que la madera, y en menor escala el acero, constituyeran los materiales indispensables para levantar el asentamiento.
De este modo se construyeron todas las viviendas, tanto de mineros como de sectores más acomodados, y se edificaron los equipamientos de una ciudad completa y autosuficiente: un gran hospital, escuelas, bibliotecas, clubes sociales, un cine, gimnasios, bowling, etc.
La disponibilidad de terrenos con pendientes de hasta 50 grados obligó a construir los edificios no industriales en alturas de tres a cinco pisos. Se concibieron varios modelos de edificios: de galerías, de circulación externa y construcciones con unidades habitacionales autónomas parecidas a pequeños departamentos.
Según algunos estudiosos de Sewell, las características topográficas del lugar, los principios fundamentales de construcción y la estructura urbana formaron la base de la configuración espacial única de esta ciudad, constituyéndose en una de las disposiciones urbanas más armónicas y unitarias de Chile. Se transformó así en una verdadera metrópoli, incluso en lo visual. De este modo la familia, el trabajo, la entretención, la vida urbana y vecinal conformaron un todo.
La madera sirvió para cobijarse del frío y quienes construyeron estos edificios adoptaron entramados clásicos y funcionales notables que hoy sorprenden a los especialistas.

IMÁGENES PROFUNDAS.

Quienes vivieron en Sewell no pueden dejar de recordar tal experiencia.
Los sewellinos crearon un potente vínculo con esta ciudad, con imágenes recurrentes y fantasmas cargados de nostalgia.
Sewell constituyó necesariamente un verdadero paraíso especialmente para las generaciones de niños que allí crecieron. Su misterio cautivador estimuló la imaginación, la creatividad y la capacidad de asombro de esos niños. Hay una suerte de memoria colectiva que los invita a volver a la montaña, un profundo y secreto tropismo.
Sewell es depositaria de un legado histórico, social y cultural invaluable, que ha merecido ser reconocido, cautelado y preservado por la sociedad chilena y universal como un patrimonio tremendo de extraordinaria singularidad.

MARIO AGUIRRE MONTALDO